Tarea 9: Hacking personal branding

En la era digital, donde la información circula a una velocidad sin precedentes y la competencia se multiplica cada día, la marca personal ha pasado de ser un concepto reservado a celebridades o grandes empresarios, a convertirse en una herramienta esencial para cualquier persona que quiera destacar en su sector. Hoy, absolutamente todos tenemos una marca personal, queramos o no. La diferencia está en si la construimos de forma consciente y estratégica o si permitimos que se dé sola, sin dirección, sin foco y sin intención. Por eso, entender qué es, cómo gestionarla y cómo potenciarla se ha convertido en un elemento clave para crecer profesionalmente, generar oportunidades y, sobre todo, comunicar quiénes somos y qué aportamos al mundo.

La marca personal es mucho más que un logo, una foto profesional o un perfil cuidado en redes sociales. En realidad, es la huella emocional y profesional que dejamos en quienes nos conocen —o incluso en quienes solo nos ven una vez a través de Internet. Es la mezcla entre nuestra reputación, nuestros valores, el mensaje que transmitimos y la coherencia entre lo que decimos, hacemos y proyectamos. En pocas palabras: tu marca personal es lo que la gente piensa y siente cuando escucha tu nombre. Y aunque suene abstracto, es precisamente esa percepción la que abre (o cierra) puertas en el mundo actual.

¿Por qué es tan importante?

Porque vivimos en un entorno saturado donde la atención es limitada. Las oportunidades llegan más rápido a quienes destacan, inspiran confianza y transmiten autenticidad. Una marca personal sólida no solo te ayuda a diferenciarte, sino que también se convierte en un activo que te abre puertas: clientes, proyectos, empleos, alianzas, entrevistas, invitaciones a eventos, recomendaciones y más. La marca personal funciona como un imán: atrae lo que está alineado contigo.

Cómo construir tu marca personal paso a paso

Construir una marca personal poderosa no es cuestión de suerte, sino de estrategia. Para hacerlo bien, es fundamental empezar desde dentro, antes de pensar en redes sociales o contenido.

1. Define quién eres y qué te hace único

Este es el punto de partida de todo. Antes de comunicar hacia afuera, necesitas claridad interna. Define tus valores, tu propósito, tus fortalezas, tu experiencia y, sobre todo, aquello que te diferencia de los demás. La gente no conecta con habilidades técnicas, sino con historias, con personalidades, con visiones del mundo. Tu marca empieza por reconocerte a ti mismo.

2. Identifica a tu audiencia ideal

Una marca personal no es para todos. Cuanto más específico seas sobre a quién quieres impactar, más potente será tu mensaje. Piensa en qué tipo de personas pueden beneficiarse de tu conocimiento, tu experiencia o tu forma de ver las cosas. Cuando conoces bien a tu audiencia, puedes crear contenido más relevante, ofrecer soluciones más claras y generar una conexión más profunda.

3. Construye tu narrativa personal

Tu historia es tu herramienta más poderosa. No se trata de inventar nada, sino de estructurarla de manera que tenga sentido, coherencia e impacto. ¿De dónde vienes? ¿Qué te ha llevado hasta donde estás hoy? ¿Qué obstáculos has superado? ¿Qué enseñanzas te definen? Las marcas personales más fuertes tienen narrativas auténticas que inspiran y generan credibilidad.

4. Diseña una presencia digital coherente

En el mundo actual, tu primera impresión ocurre online. Una presencia digital sólida no significa estar en todas las redes sociales, sino estar en las adecuadas y con coherencia. Utiliza fotos profesionales, biografías claras, un mensaje consistente y un estilo visual que represente tu esencia. Cada plataforma es un escaparate que debe reforzar lo que eres y lo que ofreces.

5. Crea y comparte contenido que aporte valor

El contenido es el vehículo que hace visible tu marca personal. No se trata solo de publicar, sino de aportar valor real: soluciones, reflexiones, experiencias, aprendizajes, análisis, historias personales o profesionales. Puedes hacerlo a través de artículos, vídeos, podcasts, newsletters, posts breves o incluso debates en redes sociales. El objetivo es posicionarte como alguien que sabe, que comparte y que suma.

6. Construye autoridad mostrando resultados

La autoridad no se declara: se demuestra. Puedes hacerlo compartiendo casos de éxito, testimonios, proyectos, logros, certificaciones, charlas, entrevistas, colaboraciones o cualquier evidencia que muestre lo que sabes hacer. Esto no es ego; es parte del proceso de generar confianza en tu audiencia.

7. Sé coherente a largo plazo

La coherencia es uno de los pilares más importantes de una marca personal sólida. No importa si cambias, evolucionas o creces —eso es natural—, pero tu esencia y tus valores deben mantenerse visibles. La consistencia genera reconocimiento, y el reconocimiento genera confianza.

Ejemplos de marcas personales icónicas

Si analizamos a personas influyentes en distintos sectores, notamos que todas tienen algo en común: una identidad clara, coherente y memorable.

Steve Jobs

Su marca personal era minimalista, disruptiva y exigente. Su estilo de vestir —jeans, zapatillas New Balance y su famoso jersey negro de cuello alto— se convirtió en un icono mundial. No era casualidad: su apariencia reflejaba simplicidad, foco y eficiencia, los mismos principios que aplicaba a sus productos y a su filosofía de vida. Jobs entendía que su imagen era parte de su narrativa.

Oprah Winfrey

Construyó una marca basada en empatía, vulnerabilidad y conexión emocional. Su esencia es inspiradora, humana y auténtica, y ha conseguido que millones de personas la perciban como una guía, una voz confiable y un referente emocional.

Cómo mejorar tu marca personal con el tiempo

Una marca personal no es un destino, sino un proceso en constante evolución. Para mejorarla, es fundamental revisar tus logros, actualizar tu mensaje y adaptarte a los cambios del mercado y de tu propia trayectoria.

Evalúa tu presencia digital con regularidad, elimina aquello que ya no te representa, optimiza tus mensajes y analiza el impacto de tu contenido. Aprende nuevas habilidades que fortalezcan tu posicionamiento y pide feedback a personas de confianza para identificar puntos ciegos. El crecimiento continuo es parte del proceso de convertirte en una referencia,

Preguntas poderosas para hackear tu marca personal

Para mejorar, necesitas introspección. Aquí tienes preguntas clave que pueden ayudarte a detectar oportunidades y ajustar tu enfoque:

Sobre tu identidad

  • ¿Qué quiero que la gente diga de mí cuando no estoy presente?
  • ¿Qué valores definen mi forma de trabajar y vivir?
  • ¿Qué puedo aportar que sea difícil de encontrar en otros?

Sobre tu audiencia

  • ¿A quién quiero impactar realmente?
  • ¿Qué necesidades, dolores o deseos tiene mi público?

Sobre tu narrativa

  • ¿Estoy comunicando mi historia de forma auténtica y clara?
  • ¿Transmito mis aprendizajes o solo mis éxitos?

Sobre tu presencia digital

  • ¿Mi perfil en redes refleja quién soy hoy?
  • ¿Un desconocido podría entender en segundos a qué me dedico?

Sobre autoridad y reputación

  • ¿Qué resultados o evidencias puedo mostrar?
  • ¿Cómo puedo colaborar con otros para ampliar mi alcance?

Sobre evolución

  • ¿Qué debo dejar atrás para crecer?
  • ¿Qué nuevas habilidades potenciarán mi impacto?

Conclusión

La marca personal no es algo que se tiene, sino algo que se construye. Y lo más importante: no es un disfraz, sino una extensión intencional y estratégica de tu identidad. Crear una marca personal fuerte requiere autenticidad, claridad, coherencia y constancia. No se trata de aparentar, sino de comunicar con inteligencia quién eres, qué representas y qué valor aportas al mundo.

Si aprendes a gestionarla, tu marca personal se convertirá en una herramienta poderosa que te abrirá puertas, creará conexiones significativas y te permitirá avanzar con mayor seguridad hacia tus objetivos profesionales y personales.

Tarea 8: Toma de decisiones

Esta semana en clase nos centramos en algo que, aunque hacemos todos los días, pocas veces nos detenemos a analizar: cómo tomamos decisiones, especialmente las difíciles. Hasta ahora, en la asignatura nos habíamos enfocado mucho en conocernos a nosotros mismos, identificar objetivos y obstáculos personales. Pero en esta sesión tocaba mirar hacia el entorno laboral y profesional, y pensar en cómo nuestras elecciones impactan no solo en nosotros, sino también en los demás.

Comenzamos con una actividad que me hizo reflexionar bastante sobre mi propia manera de enfrentar problemas: un cuestionario para descubrir si somos personas que actúan rápido, que vacilan o que tienden a posponer los temas. La dinámica era sencilla: situaciones cotidianas en el trabajo —un colega que regresa borracho, tareas que chocan con nuestras vacaciones, decisiones del jefe basadas en información incorrecta— y tres posibles formas de reaccionar. Cada opción tenía un valor, y al final sumabas puntos para ver tu perfil.

Me di cuenta de varias cosas: por un lado, es muy fácil pensar que los problemas se resolverán solos si los ignoramos o los posponemos. Por otro, cuanto más tiempo pasa uno dudando, menos efectiva es la decisión que finalmente tome. Fue curioso darme cuenta de que incluso en escenarios ficticios, es muy fácil justificar la procrastinación o el miedo a enfrentar conflictos. La puntuación final no solo sirve para ver tu estilo, sino también para plantearte cómo mejorar tu rapidez y efectividad al decidir.

Después, la sesión avanzó hacia un aspecto más práctico y grupal: las Poker Cards para la toma de decisiones en equipo. Esta herramienta me pareció especialmente útil, porque nos permitió ver que decidir en grupo no es lo mismo que simplemente votar “sí” o “no”. Cada carta tiene un valor diferente, y existen dos cartas especiales que dan un extra de flexibilidad para equilibrar la decisión colectiva. La idea es ponderar, comparar, y no dejar que una opinión aislada domine al resto. Me gustó cómo este método fomenta la colaboración y hace que todos tengan voz, sin caer en la típica votación mayoritaria donde algunos se sienten ignorados.

A lo largo de la sesión también hablamos de responsabilidad y métodos de decisión. El profesor explicó que la responsabilidad de una decisión puede ser compleja y casi filosófica, así que nos centramos en los métodos más prácticos. Aprendimos varias estrategias, según el tiempo disponible y la responsabilidad sobre las consecuencias: delegar la decisión, deliberar, dejar que pase el tiempo, decidir al azar, por intuición, consultar con alguien de confianza, priorizar por importancia, consenso, votación, y otros más. Me pareció muy útil ver todas estas opciones, porque muchas veces actuamos por costumbre o impulso, sin darnos cuenta de que hay métodos más adecuados según la situación.

Personalmente, me hizo pensar en decisiones recientes que he tenido que tomar en estudios y trabajo. A veces, por querer no molestar o evitar conflictos, retrasé decisiones y acabé generando más presión sobre mí mismo. Otras veces, actuar rápido me permitió solucionar el problema antes de que creciera, aunque no siempre fue la opción perfecta. Creo que, al conocer todos estos métodos, podré elegir con más criterio en el futuro y no depender únicamente del instinto o de la improvisación.

Al final, esta sesión me recordó que los problemas no desaparecen solos, y que tomar decisiones no es solo cuestión de rapidez, sino también de estrategia y responsabilidad. Aplicar técnicas como las Poker Cards o la deliberación estructurada puede marcar la diferencia entre una decisión efectiva y un problema que se prolonga innecesariamente. Además, reflexionar sobre nuestro propio estilo de decisión ayuda a ser más consciente de nuestras fortalezas y áreas de mejora, tanto individual como colectivamente.

Como ejemplo de toma de decisiones os voy a exponer una situación reciente.

El otro día tuve que tomar una decisión que me hizo pensar bastante sobre cómo suelo actuar: tenía que elegir si salir a dar un paseo por el parque antes de que se pusiera el sol o quedarme en casa viendo una serie que quería terminar. Al principio dudé mucho, porque quería disfrutar de la serie pero también sabía que salir me haría bien.

Recordando lo que vimos en clase sobre métodos de decisión, decidí deliberar un poco: pensé en los beneficios de cada opción, cuánto tiempo me quedaba de luz y cómo me sentiría después. Finalmente opté por salir al parque, y no me arrepentí; me sentí más animado y con energía, y además terminé la serie después relajado y contento.

Si hubiera usado otro método, como consultar con un amigo o incluso dejar que pasara el tiempo para decidir en el último momento, probablemente habría terminado quedándome en casa y perdiéndome el paseo. Esta pequeña decisión me hizo darme cuenta de que, aunque parezcan triviales, nuestras elecciones diarias también afectan nuestro bienestar, y que pensar un poco en ellas, aunque sea unos minutos, puede cambiar cómo nos sentimos al final del día.

-Alejandro Baviera

Tarea 7: Team roles

Esta semana en clase hemos dado un giro interesante. Después de varias sesiones mirándonos hacia dentro —quiénes somos, qué queremos y qué obstáculos hemos superado— por fin tocaba centrarnos en cómo funcionamos con los demás. Porque al final, por muy buenos que seamos individualmente, casi todos los proyectos importantes de la vida se construyen en equipo. Y ahí es donde empiezan los retos de verdad.

Para comenzar, realizamos un formulario de Team Roles, un modelo basado en Belbin que clasifica los roles dentro de un equipo en 9 categorías: Implementador, Coordinador, Motor, Creativo, Impulsor, Evaluador, Cohesionador, Detallista y Especialista. El resultado más curioso de mi evaluación fue que el rol de creativo apareció como mi puntuación más baja. Y aunque alguno podría verlo como algo negativo, para mí tiene bastante sentido: suelo moverme más por lo práctico y lo estructurado que por las ideas abstractas o fuera de la caja. En cambio, sí salieron más marcados roles como especialista, motor o coordinador.

Después, profundizamos en cómo estos roles no solo describen comportamientos, sino que ayudan a construir equipos más equilibrados, capaces de evitar fricciones y aprovechar al máximo las fortalezas de cada uno. Fue interesante darme cuenta de cómo, a veces, nos etiquetamos a nosotros mismos sin darnos cuenta… y esto nos puede limitar. Este ejercicio sirve justo para lo contrario: descubrir nuevas perspectivas sobre nosotros en un equipo.

La sesión siguió con otras metodologías de trabajo colaborativo y comunicación. Una que me llamó especialmente la atención fue la técnica de los Seis Sombreros para Pensar de Edward de Bono —un enfoque que propone adoptar distintos modos de pensamiento según la “posición mental” que requiera la situación: creativo, emocional, lógico, crítico, organizador o soñador. Es como si cada sombrero nos diera permiso para pensar de una manera distinta y así evitar choques innecesarios dentro del equipo. Me pareció genial para no caer en esas discusiones sin salida donde todos llevan razón… desde su propio punto de vista.

También hablamos de Walter Mischel y algunas reflexiones clave sobre la gestión personal dentro de un grupo: reconocer nuestros miedos, evitar la represión emocional y tener claros nuestros valores internos. Me quedó especialmente grabada la idea de que reprimir emociones nos acaba estallando encima y que aprender a redirigirlas con consciencia es parte esencial de trabajar bien con otros.

Y para poner a prueba todo lo aprendido… llegó lo más divertido (y caótico) de la sesión:
The Marshmallow Challenge.
Equipos de tres personas, 20 minutos, 20 espaguetis, 5 nubes de azúcar y un objetivo tan simple en concepto como complicado en ejecución: construir la torre más alta que se mantuviera de pie.

Lo que parecía un juego infantil terminó siendo una radiografía perfecta de las dinámicas de equipo. Planificación, escucha activa, liderazgo, creatividad y adaptación… todo en tiempo récord.

En nuestro caso, pasamos por una lección memorable:

Había una persona en el grupo con una idea clara y muy resolutiva… pero no le hicimos caso, dudamos demasiado y empezamos a improvisar sin una dirección concreta. Resultado: nuestra torre se vino abajo justo al final del tiempo, y no pudimos levantarla de nuevo para la medición.

-«Un buen equipo no es el que tiene a los mejores, sino el que hace que todos sumen.»

Si algo me llevo de esta sesión es que trabajar en equipo no es solo repartir tareas. Es saber comunicarse, confiar, ceder, liderar cuando toca… y dejarse liderar cuando hace falta.

Además, hemos visto que no existe el rol perfecto, sino combinaciones que encajan según el reto. Y conocer cómo actuamos bajo presión ayuda muchísimo a mejorar.

Quizás la torre de espaguetis no llegó a lo más alto…
pero creo que nosotros sí aprendimos lo necesario para que la próxima no se caiga.

-Alejandro Baviera

Tarea 4: Habilidades blandas y no tanto

En las primeras sesiones de la asignatura nos habíamos centrado sobre todo en mirar hacia dentro, en nosotros mismos: pensar en nuestro pasado, en los aprendizajes que hemos acumulado, en los obstáculos que ya hemos superado y en los objetivos que nos motivan a seguir adelante. Pero en esta última clase dimos un giro importante: por primera vez dejamos de hablar únicamente de nosotros mismos para empezar a explorar cómo nos relacionamos con los demás. Al final, por mucho que uno trabaje en su crecimiento personal, gran parte de nuestro día a día se define en la interacción con otras personas.

El punto de partida fue Dale Carnegie, que con sus libros ha dejado un legado enorme sobre cómo comunicarnos mejor. En El valor del aprecio recordamos algo tan sencillo y al mismo tiempo tan poderoso: reconocer de manera sincera lo que los demás hacen bien. Parece obvio, pero muchas veces se nos olvida. A partir de ahí, entramos en algunas de sus técnicas más conocidas. Carnegie habla, por ejemplo, de ciertas reglas básicas para tratar con la gente, como mostrar un interés genuino en lo que la otra persona piensa o siente, escuchar de verdad y no caer en la tentación de criticar o imponer. También nos ofrece seis formas para convertirnos en alguien agradable, que van desde sonreír más hasta recordar el nombre de las personas, porque al final todos respondemos mejor cuando sentimos que nos tratan con cercanía.

Otro punto clave fue cómo lograr que los demás vean las cosas desde nuestra perspectiva. Aquí la empatía juega un papel fundamental: ponerse en la piel del otro no solo suaviza las diferencias, también abre puertas a la cooperación. Y, quizá lo más delicado, Carnegie nos recuerda que sí es posible influir y ayudar a cambiar a las personas, pero sin que eso despierte rechazo. Para lograrlo, la clave está en hacerlo con respeto, resaltando lo positivo, en lugar de señalar con dureza lo negativo.

En contraste con este enfoque más humano y conciliador, también vimos otra obra que va por un camino muy distinto: Las 48 leyes del poder de Robert Greene. Este libro propone una mirada más fría y estratégica a las relaciones, centrándose en cómo el poder circula entre las personas y cómo se puede obtener o mantener. Puede resultar un poco incómodo, porque su perspectiva es menos idealista y más calculadora, pero también es cierto que ayuda a abrir los ojos ante dinámicas que muchas veces no vemos.

Entre sus leyes, a mí personalmente me tocó la tercera: “Disimula tus intenciones”. Greene explica que una de las mejores formas de mantener ventaja es no mostrar claramente lo que buscamos, porque si los demás saben nuestro objetivo pueden anticiparse. Para ello habla de la famosa “cortina de humo”: distraer, generar suposiciones falsas y llevar a los demás por otro camino hasta que ya sea demasiado tarde para que reaccionen. Puede sonar manipulador, pero también es una advertencia útil: no todos juegan limpio, y entender estas dinámicas nos permite protegernos. La manera de invalidar esa cortina de humo es sencilla en teoría, aunque difícil en la práctica: observar más las acciones que las palabras, buscar patrones, no precipitarse y contrastar antes de dar nada por hecho.

En definitiva, esta sesión fue especial por varios motivos: no solo marcó el momento en el que dejamos de mirarnos únicamente a nosotros mismos para empezar a hablar de cómo nos comunicamos con los demás, sino que además se dio en unas circunstancias poco comunes. Fue la primera vez que abordamos estos temas de forma colectiva… y curiosamente tuvo que ser online, a causa del temporal.

Tarea 6: Agile Team-Building

Esta semana en la asignatura hicimos algo diferente y muy divertido: una sesión de agile team-building. La idea era experimentar cómo trabajar en equipo de manera rápida y eficiente, enfrentándonos a varias tareas en poco tiempo. El profesor nos dividió en grupos de 3-4 personas y nos dio una plantilla en Canva con cinco actividades que debíamos elegir y realizar durante la sesión.

Mi equipo decidió probar cosas bastante variadas. La primera fue hacer un origami juntos. Parecía fácil, pero tenía su reto: todos teníamos que avanzar al mismo ritmo sin que nadie se quedara atrás. Nos obligó a comunicarnos muy bien, explicar los pasos con claridad y estar pendientes de los demás. Fue un comienzo divertido y nos puso en sintonía como equipo.

La segunda tarea fue la pintura pixelada. Teníamos una versión en Excel de la Mona Lisa, con muy pocos píxeles y colores limitados, y nuestra misión era replicarla. Decidimos dividir la imagen en varias secciones y que cada uno trabajase en una fracción. Al final, ver cómo nuestras partes se unían y formaban la imagen completa fue muy satisfactorio. Me hizo darme cuenta de lo importante que es organizarse y confiar en que cada persona hará su parte.

La tercera actividad consistió en recorrer un museo virtual individualmente. Cada uno exploró a su ritmo, se quedó con los rincones o las obras que más le llamaron la atención y luego compartimos nuestras impresiones. Fue curioso ver cómo cada persona enfocaba cosas diferentes y cómo eso generaba un debate muy interesante. Me hizo pensar que en un equipo, cada mirada aporta algo único y enriquecedor.

Distintos museos disponibles para realizar una visita guiada online del gobierno de España
Plano del Museo arqueológico Nacional de Madrid

Luego vino la parte más creativa: crear una historia solo con emojis. Íbamos turnándonos y cada uno añadía de tres a seis emojis, construyendo la historia poco a poco. Al principio parecía imposible que tuviera sentido, pero al final conseguimos algo divertido y sorprendentemente comprensible. Fue un ejercicio genial para poner a prueba la creatividad y aprender a adaptarnos a las ideas de los demás.

Esta es nuestra historia con emojis de como terminamos en una nave espacial.

Para la última actividad, queríamos hacer la historia al azar lanzando dados, pero no se pudo. En su lugar, hicimos algo más práctico: hablar sobre nuestro entorno de trabajo remoto. Cada uno describió cómo es su puesto de trabajo en casa y luego imaginamos juntos cuál sería nuestro puesto “ideal”. Fue interesante ver las diferencias y coincidencias, y reflexionar sobre cómo mejorar nuestra productividad y comodidad trabajando desde casa.

En resumen, la sesión fue muy completa. Nos obligó a coordinarnos, a comunicarnos mejor y a adaptarnos a los demás, todo mientras nos divertíamos. Lo que más me quedó claro es que trabajar en equipo no es solo cumplir tareas, sino apoyarse, confiar y construir algo juntos. Me voy con la sensación de que este tipo de dinámicas son súper útiles, no solo para clase, sino para cualquier proyecto o trabajo en equipo que tengamos en el futuro.

-Alejandro Baviera

Tarea 5. Liderazgo

Esta sesión del máster ha sido bastante diferente a las anteriores. Hasta ahora habíamos trabajado cosas más personales: conocernos mejor, entender nuestros objetivos, analizar obstáculos pasados… pero esta vez el enfoque cambió. Por primera vez hablamos del liderazgo y de cómo nos relacionamos con los demás desde ese papel. Me pareció interesante porque pasamos de mirarnos hacia dentro a mirar hacia afuera, a cómo influimos y acompañamos a otras personas.

Empezamos repasando los distintos tipos de líderes y fue curioso ver cómo cada uno tiene su momento y su utilidad. El líder autoritario, por ejemplo, puede funcionar bien cuando hay que actuar rápido o en equipos complicados, pero si se mantiene demasiado tiempo puede generar un ambiente tenso. Luego está el líder timonel, muy centrado en los resultados y en la excelencia, pero que a veces olvida que detrás de esos objetivos hay personas.

En el lado más humano están los líderes afiliativos y democráticos. El primero busca crear buen ambiente, motivar y conectar emocionalmente con su equipo; el segundo escucha, fomenta la participación y apuesta por el trabajo conjunto. También me llamó la atención el líder coaching, que se centra en ayudar a los demás a crecer, a descubrir sus propias habilidades. Y, por último, el visionario, que guía al grupo con una idea clara de futuro y deja espacio a la innovación.

Después, vimos otra forma de entender el liderazgo con la visión de James C. Hunter, autor de La paradoja. Su enfoque se aleja de la autoridad o del poder y se acerca más al servicio y a los valores. Hablamos de cualidades como la paciencia, el respeto, la generosidad o la humildad. Me gustó mucho esta idea: que el liderazgo no se trata de que te obedezcan, sino de ganarte la confianza de los demás a través del ejemplo y del compromiso.

La parte más entretenida vino cuando analizamos líderes de películas. Ver escenas de Gladiator con Máximo Décimo Meridio o de Invictus con Nelson Mandela ayudó a ponerle cara a esos estilos. También vimos a Arturo en Excalibur y al profesor Keating en El club de los poetas muertos, y fue curioso comprobar cómo todos ellos inspiran desde lugares diferentes: unos con firmeza, otros con empatía, otros con visión o pasión. Pero al final, todos logran que la gente crea en algo más grande que ellos mismos.

La sesión terminó con una dinámica que, sinceramente, me pareció muy buena. Nos dividieron en grupos y uno hacía de líder mientras los demás, con los ojos cerrados, debíamos dejar que nos guiara para colocar un post-it en la pared. Era un ejercicio sencillo, pero reflejaba perfectamente lo que implica liderar y confiar. El líder tenía que ser claro y transmitir seguridad, y los liderados, por su parte, tenían que confiar y escuchar con atención. Me hizo pensar en cuántas veces, incluso en el día a día, cuesta dejarse guiar o asumir el papel de quien guía.

En resumen, esta clase me ayudó a entender que liderar no es mandar ni controlar, sino acompañar, inspirar y crear un entorno donde la gente se sienta capaz de aportar lo mejor de sí misma.

– Alejandro Baviera Guaita

Tarea 3. Viaje del Héroe 

En esta entrada quiero hablar de una de las estructuras narrativas más conocidas y universales: el viaje del héroe, que Christopher Vogler dio a conocer en su libro The Writer’s Journey. Seguro que, aunque no lo sepas, lo has visto cientos de veces: en mitos antiguos, en novelas, en series y en las películas más famosas. Todas tienen algo en común: un protagonista que empieza en su mundo cotidiano, recibe una llamada para salir de esa rutina (a veces la rechaza al principio), se enfrenta a pruebas y obstáculos, encuentra aliados y mentores que le ayudan, y al final regresa cambiado, con un aprendizaje que compartir.

Vogler organiza este recorrido en 12 etapas muy claras, que voy a ir recorriendo a lo largo de mi viaje del héroe.

1.Mundo ordinario

En mi día a día como estudiante de informática, todo gira en torno a las clases, estudiar y hacer los ejercicios que voy sacando poco a poco. Paso la mayor parte del tiempo entre la universidad y el ordenador en casa, avanzando con ejercicios y entregas. Es una rutina tranquila, sin grandes cambios, marcada por el estudio y las tareas habituales de la universidad.

2.La llamada a la aventura

Esa rutina cambia el día que un profesor me propone unirme a su grupo de investigación. La idea me sorprende: ya no se trata solo de hacer prácticas de clase, sino de participar en un proyecto real. Es la primera vez que me planteo salir de lo habitual y enfrentarme a un reto mucho más grande.

3.Rechazo de la llamada

Al principio me invade la duda. El proyecto parece demasiado complejo y pienso que quizá no estoy preparado. Me preocupa cometer errores y retrasar al equipo. Durante un tiempo, la idea de aceptar me genera más miedo que ilusión.

4.Encuentro con el mentor

En este camino no estoy solo. Al principio ya contaba con un par de personas que me orientaban en la parte más teórica, pero todo cambia cuando tengo una reunión más amplia y conozco al resto del grupo de desarrolladores del proyecto. Ahí me doy cuenta de que no solo tengo mentores, sino también aliados a los que puedo acudir para resolver dudas prácticas y aprender de su experiencia.

5.Cruce del primer umbral

Antes de lanzarme al gran reto, empiezo con tareas más pequeñas: implementar algunos algoritmos sencillos y localizados dentro del simulador. No son tan complejos, pero me sirven para ganar práctica, entender mejor cómo funciona todo y, sobre todo, ganar confianza para dar el siguiente paso.

6.Prueba, aliados y enemigos

A medida que avanzo con los primeros algoritmos, surgen problemas que no siempre puedo resolver solo. Aquí es donde los aliados del equipo resultan esenciales: compañeros y mentores que me ayudan a encontrar soluciones y a entender mejor el simulador. Al mismo tiempo, los “enemigos” aparecen en forma de errores inesperados y la complejidad del sistema, que me recuerdan que aún queda mucho por aprender.

7.Acercamiento a la cueva más profunda

Después de probar los algoritmos más sencillos, llega el momento de enfrentarme a algo más grande: el desarrollo del gran módulo. Empiezo a estudiar las partes del simulador donde voy a trabajar, analizando posibles problemas y planificando cómo abordarlos. Este paso es decisivo para todo el proyecto, supone el diseño del módulo.

8. Prueba suprema

Finalmente comienzo a desarrollar el gran módulo. Cada parte del código implementado es crítica y la presión se hace notar, tengo miedo de no lograrlo o de cometer errores que afecten al equipo. Es el momento más intenso del viaje, donde pongo a prueba todo lo que he aprendido hasta ahora y mi capacidad para enfrentarlo.

9.Recompensa

Tras mucho esfuerzo, consigo completar el módulo, documentarlo y dejarlo listo para integrarlo en el proyecto principal. La satisfacción es enorme, no solo he logrado el objetivo, sino que también recibo reconocimiento de mis compañeros y profesores. Todo el aprendizaje y la práctica previa se ven reflejados en este logro.

10.El camino de regreso

Con el módulo terminado, dedico un tiempo a reflexionar e investigar futuras líneas abiertas para seguir con el proyecto. Gracias a la experiencia acumulada, me siento más seguro y preparado para afrontar los próximos retos que vengan, con una visión más clara de cómo abordar problemas complejos.

11. Resurrección

Después de todo el proceso, ya no soy el mismo estudiante que comenzó con dudas e inseguridades. He ganado cierta confianza, experiencia y la capacidad de enfrentarme a proyectos más complejos. Esta transformación interna me permite abordar nuevos retos con mayor seguridad y tomar decisiones más acertadas dentro del equipo.

12.Regreso con el elixir

Al volver a mi rutina diaria tras completar el gran módulo me llevo experiencia, conocimiento y confianza. Este “elixir” no solo me sirve para futuros proyectos, sino también para apoyar y orientar a otros compañeros que se enfrenten a retos similares. Ahora siento que puedo seguir creciendo, aportar más al equipo y encarar nuevos desafíos con seguridad y aprendizaje.

Elaborar las 12 etapas del viaje del héroe no es solo un ejercicio narrativo, nos ayuda a reflexionar sobre nuestros propios retos y aprendizajes, a entender cómo enfrentamos los miedos, cómo nos apoyamos en otros y cómo crecemos a partir de cada experiencia.

He grabado un video en el que cuento con más detalle este viaje del héroe.

Viaje_del_héroe.mp4

Tarea 2. Master plan

En esta entrada quiero presentar mi Master Plan, un ejercicio de reflexión personal en el que pongo en relación mi pasado, mi presente y mis aspiraciones de futuro. La idea es detenerme a pensar en aquello que me ha traído hasta aquí, los aprendizajes y recursos que he ido acumulando, y también en cómo es el momento actual que estoy viviendo, tanto a nivel personal como profesional.

A partir de ahí, trazo una mirada hacia adelante para imaginar dónde me gustaría estar dentro de 4 o 5 años. No se trata de un plan fijo e inamovible, sino una guía para poder orientarme y ayudar a tomar decisiones.

El Pasado: de dónde vengo

Desde que era niño, siempre me llamó la atención la tecnología. Mientras muchos de mis amigos se entretenían jugando a futbol, yo prefería pasarme horas trasteando con cacharros viejos en casa. Me encantaba abrirlos, ver qué tenían dentro e inventar como funcionaba todo.

Mis padres no venían del mundo de la informática ni tenían una formación técnica, pero siempre me animaron a seguir mi curiosidad. Aunque el presupuesto era ajustado, buscaban la manera de apoyarme. El día que llegó mi primer ordenador a casa fue un antes y un después. De repente tenía en mis manos un mundo de posibilidades. Empecé creando programas muy básicos, pequeños experimentos que hoy parecen simples, pero que para mí significaban mucho estaba dando forma a mis pequeñas ideas.

Claro que no siempre tuve acceso a lo último en dispositivos ni a cursos avanzados, así que tuve que buscar alternativas. Pasaba horas en foros (como Reddit o Stack Overflow) leyendo tutoriales gratuitos y aprendiendo de gente que compartía su conocimiento.

Presente: dónde estoy ahora

Hoy vivo una etapa de descubrimiento y crecimiento dentro del mundo de la tecnología. Estudio y, al mismo tiempo, colaboro en un proyecto de investigación sobre redes de interconexión. Lo que más me motiva es comprobar cómo las herramientas que desarrollamos pueden hacer más sencilla la vida de las personas: ahorrar tiempo, automatizar tareas o facilitar el aprendizaje, a veces casi sin que se den cuenta.

Sé que el sector tecnológico avanza a toda velocidad. Cada semana aparece una novedad que parece que lo va a revolucionar todo. Intento estar informado, pero también he aprendido a no obsesionarme.

Otra de las cosas que más valoro es la colaboración. Poder trabajar con gente de distintas universidades y empresas, escuchar sus ideas y aprender de sus experiencias me parece de lo más enriquecedor. Te das cuenta de que en la tecnología, lo importante no es solo el código, sino también los compañeros que lo hacen posible.

Futuro: hacia dónde quiero ir

A medio plazo, me encantaría emprender un proyecto propio. No tanto por la idea de “ser mi propio jefe”, sino porque sería la forma de unir lo que más me gusta: programar, innovar y, sobre todo, crear soluciones que realmente resuelvan problemas importantes. Mi objetivo no es hacer tecnología por hacerla, sino diseñar algo que ayude a las personas en algún ámbito.

Si pienso en los próximos 4 o 5 años, me imagino trabajando en proyectos con un impacto más grande. Me atrae especialmente el mundo de la inteligencia artificial aplicada y todo lo que puede aportar para mejorar la vida de las personas y de las comunidades.

También me ilusiona mantener ese equilibrio entre aprender y enseñar. Me imagino en el futuro no solo como desarrollador, sino también acompañando a otros que empiezan, compartiendo lo que yo mismo he aprendido a base de prueba, error y mucha curiosidad.

Reflexión final

Este Master Plan no es un guion cerrado, sino una ruta que nos ayuda a orientar nuestros pasos. La tecnología cambia rápido, sí, pero mi objetivo es claro: seguir creciendo, intentar mantener la ilusión y contribuir a que ese cambio sea siempre para bien.

«Parte de la inhumanidad de la computadora es que, una vez que está programada de forma correcta y funciona sin problemas, es completamente honesta.» -Isaac Asimov

La reflexión de la sesión dos la he publicado en la entrada del blog en la que hablo del pensamiento critico. Podéis ir a verla 😉.

Tarea 1. Pensamiento Crítico

La sesión de esta semana se ha centrado en dos habilidades clave para el desarrollo, tanto personal como profesional: el pensamiento crítico, que nos ayuda a analizar la información, cuestionar lo que damos por hecho y tomar mejores decisiones, y el autocontrol, que nos permite manejar emociones y comportamientos para mantenernos enfocados en nuestras metas.

Reflexión: ¿Hacer el doctorado o no?

Uno de los pensamientos más repetidos en los últimos días en mi cabeza es si hacer doctorado o no. Es una decisión que no solo impacta en mi desarrollo académico y profesional, sino también en mi vida personal. Para ordenar mis pensamientos, he aplicado el método 5W1H y el método científico.

Método 5W1H:

  • What? (¿Qué?): Decidir si al finalizar este curso académico quiero iniciar un doctorado como siguiente paso en mi formación.
  • Why (¿Por qué?): Porque me gusta el mundo de la investigación, pero también soy consciente de que implica muchísimo esfuerzo, tiempo y dedicación, y debo valorar si es realmente el siguiente paso que quiero hacer, ya que un doctorado son 4-5 años dedicándote exclusivamente a la tesis.
  • Who (¿Quién?: El doctorado se realiza bajo una supervisión de un director/a de tesis, y normalmente en colaboración con un grupo de investigación. En mí caso, ya tengo una propuesta, no del todo clara, de quiénes serían mis directores y el grupo de investigación. Por otro lado, en esta pregunta también influye el entorno familiar y las condiciones personales de cada uno.
  • Where (¿Dónde?): Principalmente lo llevaría acabo en el Grupo de Arquitecturas Paralelas de la Universitat Politécnica de València del DISCA. Es cierto que un doctorado lo normal es realizar estancias en otros lugares y centros de investigación en los que este más o menos relacionado su trabajo con el tuyo. En mi situación actual no hemos pensado aún ningún lugar para la estancia ya que es pronto.
  • When (¿Cuándo?: El comienzo del doctorado tendría que comenzar el año que viene, al terminar el master actual. Si hablamos de duración, como ya he comentado anteriormente, el doctorado suele durar entre 4 y 5 años a tiempo completo.
  • How (¿Cómo?): Esta es pregunta es más difícil. No tengo claro si conseguiría una beca de doctorado para poder realizarlo o con una contratación por parte de mis directores. Además, ahora puedo plantear unos plazos u objetivos que posteriormente, por dificultades o imprevistos que puedan surgir, no se llevarían a cabo por lo que es muy difícil responder con más detalle esta cuestión.

Planteamiento científico

El planteamiento científico se estructura en cinco apartados que nos permiten reflexionar más sobre el tema a tratar.

  • Observación: Debido a una situación complicada actual en el ámbito personal de los últimos meses, me han surgido ciertas dudas sobre si continuar o no con mi formación académica con un doctorado o intentar dedicarme directamente a la vida profesional sin hacerlo.
  • Estudio: Gracias a la oportunidad que he tenido de trabajar con el Grupo de Arquitecturas Paralelas de la UPV he podido hablar con distintas personas que también tuvieron que decidir si hacer o no un doctorado y que me han proporcionado distintos puntos de vista de como lo vieron ellos. Veo que el doctorado aporta un fuerte desarrollo en investigación y docencia, pero también presenta cierta limitaciones en la inmediatez del mundo laboral.
  • Hipótesis: Si logro equilibrar las demandas exigentes del doctorado con mis responsabilidad y objetivos personales actuales, entonces estaré dispuesto de afrontar el doctorado sin poner en riesgo mi bienestar y académico.
  • Experimentación: Hasta la fecha, ya he tenido la oportunidad de involucrarme en ciertos trabajos de investigación dentro del GAP. Estas experiencias me han permitido acercarme al tipo de dinámica que tendría durante el doctorado y me permiten evaluar con una mayor claridad si disfrutaría del proceso y si tengo la disciplina necesaria para llevarlo a cabo.

Para cerrar la sección de planteamiento crítico, es necesario concluir con una conclusión final.

Tras haber tenido la oportunidad de participar en algunos trabajos de investigación con el GAP, he comprobado y reafirmado que disfruto el proceso de la investigación y que puedo organizarme para cumplir, o eso creo, con las exigencias académicas. Sin embargo, también he identificado que este nivel de dedicación y compromiso requiere una gestión cuidadosa del tiempo para no descuidar el entorno personas delicado que me rodea.

En este sentido, la hipótesis se confirma parcialmente: sí tengo la motivación y la capacidad para realizar el doctorado, pero necesito seguir priorizando mi organización personal para garantizar un equilibrio y poder conseguir mis metas.

De esta forma, el planteamiento crítico, realizado en este blog, no me lleva a una respuesta definitiva todavía, sino a una perspectiva más detallada: el doctorado es una opción posible y atractiva, pero antes de dar el paso debo asegurarme de contar con las condiciones adecuadas para que sea una experiencia enriquecedora y de la que no me pueda arrepentir en un futuro.

Video reflexión

Para cerrar esta entrada, comparto un video-reflexión que recoge lo aprendido de las dos primeras sesiones de la asignatura de Soft Skills. En él explico lo trabajado en la sesión y añado mi opinión personal sobre la asignatura y los temas abordados en ella, con el fin de completar lo escrito aquí.

SoftSkills_sesion1y2.MOV

-Alejandro Baviera Guaita